TEMA 17: LA TORMENTA PERFECTA

Esta tormenta no es referida a un fenómeno natural. Esta vez va referida a algo común como seres humanos: “Las relaciones con los demás”.

Nuestras relaciones están siendo impactadas por múltiples factores y entornos, formándose en muchas de ella en situaciones realmente tormentosas.

Es impresionante, el nivel de tensión individual y colectiva en todos los espacios, ámbitos y entornos de la vida cotidiana.

¿Como mejoramos y alimentamos nuestra sabiduría?

Quizás lo más difícil de la tormenta relacional, es que nos obsesionamos con que el otro sea distinto a lo que es y vivimos en la convicción que es el otro quien debería hacer los cambios, y no nosotros. Le agregamos a esa incapacidad de no tener sentido común con el juicio de una flojera adaptativa. Son los otros los que tienen que adaptarse a mí. ¿Por qué tengo que ser yo el que me adapte?; Ese es un claro signo de descompromiso y egoísmo relacional.

Debemos revisarnos primero, hacer un autoanálisis. Hay que percatarse que cada uno tiene sus razones, su pasado, su manera de reaccionar, que puede no gustarnos o no estar de acuerdo con él, pero eso es distinto, a no reconocer que existe. Este sería en primer paso y desde allí hacer un primer movimiento adaptativo hacia la presencia del otro

Esa mirada hacia nosotros en vez de hacia el otro, hace necesaria la presencia de emociones distintas, como la aceptación, perdón, gratitud, compasión, comprensión y el necesario amor propio. Es impresionante como al hacer este ejercicio continuamente nos relaja y nos deja ver las cosas de manera más clara.

Hay que tener presente que son justamente las diferencias y características personales las que hacen que la vida sea interesante y un bonito desafío. El trato con otras personas que ven la vida de forma diferente es lo que hace más ricas a las relaciones.

No debemos exigir de los demás que actúen, piensen y trabajen igual que nosotros, porque esa actitud nos va a ocasionar problemas definitivamente. Cuando estamos juzgando por lo que hacen los demás, nos perdemos la oportunidad de disfrutar las sus realidades, las cuales al final del camino son las que nos nutre de carisma y de gestos de cordialidad, amor, buena reputación y calidad humana.

¿A quién queremos cambiar? Si la lista es muy larga, quizás sea hora de reflexionar al respecto. Probablemente ello signifique que tenemos bastante trabajo que hacer sobre nosotros mismo antes de encontrar la verdadera felicidad.

Cecilia Peschke Dagnino